Un pastor de árboles
¿Cómo Pieter Hoff quiere reverdercer un desierto tan seco como la superficie de Marte?
Sembrar árboles en los desiertos no es el último capricho de un príncipe árabe ni la política de un gobierno con un presupuesto multimillonario; es la idea que el empresario de los Países Bajos Pieter Hoff se imaginó una madrugada dos décadas atrás. Durante un desvelo para conseguir la cantidad de agua en milímetros que necesitaba un lirio para crecer un centímetro diario, un conocimiento que añadiera valor a su negocio de venta de bulbos de lirios y tulipanes.
En su laboratorio, a unos kilómetros al sur de Ámsterdam, una flor de pétalos alargados y tallo largo requería la atención de un recién nacido. Sin embargo, se topó con el rocío: la humedad condensada en los pétalos, un fenómeno tan común que debió hacerle bostezar. Pero ocurrió lo contrario. Pensó: si se utilizara la humedad natural del aire nocturno, algunas plantas no dependerían de de una fuente continua de agua para desarrollarse. Siguiendo ese principio ha hecho crecer árboles en el Sahara de Marruecos, el Atacama de Chile, los Monegros de España con un 98% de supervivencia.
Su tasa de éxito no es una alucinación del calor, es un floricultor que también aprecia la belleza de las hojas de cálculo. Estudió hibridación, una especialización de la agricultura que, por ejemplo, permite hacer más duradera la belleza de una especie, añadiendo la resistencia de otra, para diseñar un lirio que pudiera embalarse y venderse alrededor del mundo.
Inspirado por el delicado cuidado de las flores, al retirarse decidió llevar ese enfoque a sus parientes que ofrecen sombra. ¿Qué hace una semilla de un árbol para superar el desierto y sus días de cuarenta grados? ¿Cómo vence a las noches heladas? ¿De qué forma sobrevive a las lluvias a once meses sin una sola gota y luego a una semana de lluvias que podrían ahogarla?
Pero también se basó en la historia: hace unos cientos de años, la mayor parte de las dunas tenía madera. España era un gran bosque. Incluso en la parte erosionada del Sahara habían árboles. Hoff no desvío ríos, levantó represas, o manipuló nubes para hacer llover.
Desarrolló la Waterboxxx, un lavador redondo de color verde del tamaño de un neumático de motocicleta; que se completa con una tapa blanca, similar a un exprimidor de naranjas, y que lleva en el medio un orificio en forma de ocho. Era una batería de agua para árboles, le explicó al New York Times.
Una reserva de humedad de una sola carga de cinco litros, que aseguraba el crecimiento de los árboles. En el 2010 superó al Ipad como la mejor invención del año por la revista Popular Science. No sólo porque podría tener más aplicaciones que la tableta de Apple, sino porque tampoco necesitabas ser un experto para usarla.
El diseño de la Waterboxxx está dispuesto para que cualquiera, siguiendo unos pocos pasos pueda adaptar una semilla a cualquier ambiente. De la arena a la roca, del calor al frío extremo. La forma en ocho del agujero se coloca en dirección este-oeste.
Así protegerá la semilla durante el mediodía y permitirá el ingreso de luz cuando este sea más leve durante el amanecer y atardecer. Estimulará su crecimiento sin secarlo. Las hendiduras de la tapa sirven para recolectar el rocío y acumular las ocasionales lluvias, de esa forma el árbol obtendrá una fuente de agua autosostenible.
Al plantar con su invento se deposita cerca de tres litros de agua dentro. El agua tiene una doble función, sirve como un regulador de temperatura y también gotea su contenido para humedecer la tierra debajo de ella. Estos factores harán que la semilla encima del suelo se desarrolle para crecer y no para subsistir.
Su raíz buscará agua, formando una o varias raíces pivotales, éstas tienen la fuerza suficiente para atravesar una roca y alcanzar la humedad bajo tierra. A través de la absorción capilar los delgados filamentos de la raíz podrán obtener el agua que necesitan sin necesidad de malgastarla. Incluso más efectiva que el riego por goteo, donde el ochenta por ciento de una gota se evapora en un desierto.
Mineras han comprado su invento para plantar en zonas áridas. En Zaragoza, el territorio más seco de España, lo han convocado para empezar programas de reforestación. Omán, un país ubicado al suroeste de Asia, ha plantado árboles con Waterboxxx en sus caminos a cincuenta grados centígrados, para crear una sombra invaluable.
Esa amanecida en los noventa se ha convertido en un trabajo con sólo diez días al año en Ámsterdan. En la razón por la que se reúne con ministros de agricultura de China, Grecia y una decena de países. Hoff quiere que estos lugares áridos ya no sean más una metáfora de la muerte y ese es el motivo de su llegada al Perú.

Las Pampas de Ancón es un espacio árido al noreste de Lima, donde hace dos décadas no llueve. En 650 héctareas de esas pampas, una distancia que casi cubre el estrecho de Gibraltar, se extenderá el bosque del padre Huberth Lanssiers. Como en Kenia, donde las mujeres que siembran árboles mejoran su condición social, el proyecto está elaborado para que los ex presos, por los que trabajo Lanssiers, trabajen en la reforestación del bosque.
La primera plantación fue de Tara, un arbusto en extinción, de donde se extrae la tanina, que sirve para el curtido de cuero. En seis meses llevan alcanzados unos 75 centímetros de éxito. Pronto dejarán de necesitar la Waterboxxx y esta volverá a reutilizarse.
Es el comienzo de la treesolution, que propuso Hoff en su libro, CO2 A GIFT FROM HEAVEN, donde además de publicar todo el sustento técnico de sus afirmaciones, hay una apasionada defensa por una economía maderera global. La tesis de Hoff es simple: en vez de quejarnos del principal gas invernadero, deberíamos verlo como una oportunidad, empezar a ver el vaso medio lleno.
Pertenece a una generación de empresarios que ven un nicho en las crisis. Tienen los medios y el conocimiento para resolver los problemas que ningún gobierno puede. El danés Mikkel Vestergaard desarrolló un filtro que elimina las bacterias del agua para ese billón de personas que no tienen acceso a ella.
Vestergaard sigue un modelo de negocio basado en financiamiento por reducción de emisiones de carbono. Ricardo Carlestein, un ingeniero argentino vende un mecanismo de alta presión para crear biodiesel de aceites usados. Pieter Hoff quiere aprovechar la contaminación como si fuese el commodity más valioso.

Antes de dedicarse a resolver el mundo, solía viajar a países tropicales como Ecuador o Surinam para visitar sus húmedas selvas en busca de plantas cuya hermosura marchitable, él pudiera remediar. Pero no fue en uno de sus viajes cuando Hoff por fin desarrollo algo realmente único.
En el 2005 una persona de Nueva Zelanda lo contactó para hablarle de un lirio de más de dieciocho pétalos. Lo usual es que tengan ocho. Tenía a su disposición una flor tan original como la que hace cinco siglos explotó la Tulipán manía, la primera burbuja económica, surgida en la mitad del siglo XVII cuando una extravagante especie de tulipán valió tanto como dos toneles de mantequilla, 450 kilos de queso y doce ovejas gordas.
Hoff llamó a ese lirio, Miss Lucy, el nombre de su hija. Hubiera sido el descubrimiento que legaría a sus hijos, pero estos no estaban interesados en vender flores. La venta de lirios había decaído, y sin herederos decidió vender su parte en la empresa y empezar de nuevo. El legado suele ser una carga para los hombres exitosos.
Quizás por eso cambió la selva por el desierto, cualquiera podría sembrar un árbol, escribir un libro, tener hijos, pero no todos pueden plantar árboles en el desierto de Atacama de Chile, un área tan agreste que la NASA suele utilizar la zona para describir el clima de Marte.

Una mañana húmeda de septiembre de 2011, traía en sus ojos celestes el cansancio del cambio de horario. Estaba en el restaurante de un hotel en el corazón de Miraflores, un distrito al sur de Lima, en una carrera contra su agenda.
Para llegar a ese espacio de mesas y sillas metálicas, arrastró una maleta de capitán de aerolínea por el lobby, como si en cada paso se perdiera un poco el tiempo. En los próximos dos días debía reunirse con al menos una decena de personas, atravesar un par de veces toda la ciudad, y estar a tiempo para su siguiente vuelo. Pero más que ajetreado parecía pasar el mejor tiempo de su vida.
La mayoría de nosotros tenemos una noción de dibujos animados de sembrar. Existe el prejuicio tercermudista, que es algo fácil pues quiénes suelen trabajar la tierra apenas consiguen superar la educación secundaria. El trabajo minucioso de Hoff demuestra que es mucho más que abrir un hoyo, abonar, plantar y regar.
En las ciudades estamos acostumbrados a ver espantados, árboles ahogados en agua, cubiertos de smog y secos por el sol. Preferimos cambiarlos que descubrir el por qué de su fracaso. La razón por la que es difícil que un árbol crezca en una ciudad es nuestro desinterés.
Que Hoff se vista de hombre de negocios, oculta su verdadera pasión. La de ser un pastor de árboles que como un pastor de ganados que cuida a sus animales porque depende de ellos para vivir, sembrar un árbol sea una cuestión de vida o muerte.
No es suficiente las buenas intenciones, que nos hacen sentir bien. La ecología no puede conformarse con ser romántica. Hoff dijo en una entrevista «El que calcula, siembra árboles». Necesitamos más árboles para vivir, pero no cualquier cantidad al azar, se necesitan dos billones para ser precisos.
Hacer cada vez más personas sepan como sembrar un árbol ha sido un retiro a la medida de Hoff, quién no se imagina perdiéndose la diversión conseguir algo extraordinario. Le gusta hacer las cosas personalmente, no tiene una asistente que planifique sus vuelos o una secretaria que arme su agenda.
Responde en alemán, inglés y español las decenas de correos electrónicos que recibe cada noche antes de irse a dormir. Aclara las dudas que anónimos críticos le hacen en los medios donde han escrito sobre su invención. Antes de regresar a su hotel acababa de conversar con el ministro del ambiente de Perú, algunos miembros del Banco Interamericano de Desarrollo y en unos minutos partirá a una reunión con el embajador de Holanda en Perú.
Hoff se sirvió su segundo café con leche para desanimar a la pereza y se quejó en un español masticado de las enormes distancias de Lima. «Es fácil ser puntual cuando todo queda cerca», dijo contando que todo en Ámsterdan le quedaba a minutos en bicicleta. De alguna forma, pareciera que para Hoff, estar siempre con el tiempo ajustado es un síntoma de que está haciendo bien las cosas.